jueves, 31 de diciembre de 2009

Ahora que esta sola volverá al cine, al teatro, volverá a las novelas inéditas y a los cuentos cortos. Los desayunos serán café con crucigramas bajo las manos, mirará por la ventana con un cigarrillo a punto de terminarse y espiará a su vecina, la chica que siempre lleva el cabello suelto y una mochila color naranja. Ahora que esta sola, volverá a decirle cosas al oído a ese gato que lo sabe todo, volverá a ver películas que terminan con un frio insondable, tomará vodka con naranja los miércoles por la tarde y tequila con limón y sal el resto de los días, tapará los errores de las cartas con comas y puntos suspensivos.

Ahora, podría echar toda la suerte del mundo, a que se hundirá en la almohada y comenzará a fantasear con un viaje a Londres, porque Londres es la ciudad de las historias inalcanzables.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Todas las mañanas lee alguna pagina de sus muchos libros, nunca los ha leído completos, incluso, muchos todavía conservan el empaque. Solo le gusta sentirse entre letras, sin necesidad de desgarrar las páginas y los signos de puntuación.
Toma un vaso de agua con galletas y mas tarde una copa de vino, hasta el límite, como para quedar definitivamente satisfecho. Le gusta fotografiar desde la ventana de su cuarto, esa que encierra un ángulo perfecto para capturar la inmensa soledad de las personas. Solo que a veces se queda dormido, esperando que algo completamente catastrófico ocurra y él este ahí, dispuesto a robar las imágenes con un flash que arrastra todo el momento.
Hace muchos años no sale de casa. Prefiere quedarse allí, como espectador de cada uno de los cataclismos que acompañan la sombra de aquellos que desfilan por el borde de la acera. Es ella quien le recuerda el mundo, la vida al fondo de esa vieja cámara, es ella la que a veces le arroja la realidad sobre sus huesos.

sábado, 19 de diciembre de 2009

es lo único que recuerda de Sara

Subía a la azotea y encendía una pequeña fogata. Luego ponía música lo más alto que pudiera llegar a sonar para, según ella, no levantar sospechas de lo que allí sucedía. Como si el sonido a medida que cruzaba las puertas y las paredes se convirtiera en humo y ceniza. Quemaba cartas y hojas en blanco, parecidas a las memorias de alguien que todavia no conoce la dimensión de un campo magnético.

La extraña ahora, porque se marchó como hace la gente que siempre viaja en tren… en silencio y sin nada en los bolsillos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

No alcanzaste si quiera a sujetar la humedad relativa de ese viejo tronco!

Te recuerdo Silvia, desde las ultimas vacaciones en que por poco y te vuelves la chica mas triste del mundo, cuando no lograste trepar ese árbol de mangos, y desde entonces todo se te volvió inalcanzable. Hace dos noches te vi en el parque, llevabas guantes de lana y el cabello lo tenias como para sacarlo a bailar jazz.

Claro que se de vos, la chica que una noche intento tirarse de un puente. Luego nos dijiste a todos que te daban miedo las alturas, y que casi mueres, pero no de caer, sino del temblor que te invadió todo el cuerpo. Siempre tenías algo extraño en los ojos, como un desierto que se anula así mismo.

¿Ahora que haces Silvia?, ahora de que puentes intentas lanzarte? Yo me quedo aquí y te espero, se que algún día volverás por esa puerta, porque eres de las que regresa, aunque sea para terminar de destrozarlo todo.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Fuma para olvidar que un día le dijeron zorra.

Porque tenes siempre que andar revolcándote entre los cuerpos de todo el mundo. Porque tenes la jodida costumbre de preguntar el nombre de quien te ha follado la noche completa, al día siguiente. Pero responde querida que el tiempo cuenta hasta tres y se escapa. Un trago y sos insoportable, con las malditas ironías de que sos lo mejor, cuando ni siquiera sabes resolver una ecuación de segundo grado, con dos tragos ya sos la puta de la fiesta, la que se lleva a todos los hombres a ese final atormentado de un libro que no tiene paginas. Que ya con tres tragos estas enamorada de todos. ¿Es que te gusta tanto follar, ir de cama en cama sin saber exactamente cual es el punto de partida y de llegada?. ¿Que te sientes triste después de que todo pasa?. ¿De que algo tiembla entre las costillas y que no sabes como desarmar esa bomba que por poco te mata? Querida mía, sos un tormento para la humanidad, una dama que no sabe donde pone la punta de sus tacones. Y bájate la falda que esas piernas ya no me resultan tentadoras.

Ella lo mira con la expresión en las vías de un tren. Saca un cigarrillo de la chaqueta y lo enciende.

lunes, 7 de diciembre de 2009

y se contiene de llegar lo mas alto posible

Mueve los pies en el aire. Desde niña siempre le gusto sentarse en el columpio que queda detrás del jardín, al final de un caminito estrecho que no llega a ningún lado. Recuerda que se enamoró por primera vez, sentada en ese mismo columpio, con una cinta rosada en el cabello. Era un niño que le hablaba a lo gatos como quien lo ha vivido todo y se dedica el resto de las tardes a contar historias de artillería. Si, él llevaba el cabello despeinado y camisas a cuadros rojos, ella siempre de vestidos y zapatos de charol. Pero ahora no es lo mismo, ahora la ropa le queda más ajustada, y los zapatos que usa ya no corren por los mismos pantanos que antes, ahora solo atraviesan cemento y pistas de baile. Él seguramente les habla a los gatos pero ahora no de artillería sino de mujeres que beben vodka en pocillos rotos y que en la cama son tormentas difíciles de amortiguar.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Todo esto es tan predecible

-Simone?
la voz sonaba a humo y vodka, con un tsunami entre los dientes.
Solo quiero que vengas. Antes del anochecer, necesito alguien que me hable de fitopatología y me distraiga mientras salgo de esto.
-Donde estas?
-solo eso, el resto no importa.
-Simone?
había colgado. Sara se sentía en el desfase de esa película que tiene poco dialogo y un chorro de imágenes que caen del techo.
Pensó que yo era Sam y quedaron de verse en el lugar de siempre?, dice todavía con el teléfono en la mano.
Sabia como era Simone cuando hablaba por teléfono, siempre haciendo mil cosas a la vez, sin prestar mayor importancia a quien estuviera del otro lado. Las líneas hubieran podido partirse pero ella no se hubiera enterado.
Se sienta y apoya las manos sobre la mesa de la cocina. A veces siente miedo de las casualidades, de las llamadas de gente sin gestos ni sonidos que se lesionan cuando atraviesan el tiempo.
No, no ira, porque esta noche quedo de verse con la chica de la chaqueta roja.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Desde aquí no se ve nada

Ya no hay juegos de mesa en la casa que lo olvida todo. Ya no hay piernas sospechosas que pasan por el borde de las ventanas, como agujeros negros que se dejan atrapar en la nevera. A veces les da por mirar disimuladamente como si pudieran distinguirla entre retina- iris-córnea, todo una mujermisterio que camina con el polvo en forma de poema bajo la suela de los tacones.
En esa casa las sombras bailan blues para no caerse de espaldas y contra las lámparas que hablan de mecánica cuántica para matar el tiempo. A veces las pueden ver tomando limonada en los días calurosos, escondidas en el armario o bajo los nocheros.
Pero ellos ya no tienen mucho que decir, desde que ella no pasa. Es como si de pronto quien les llevaba en esa maleta con círculos polares se quedara en rojo y no hubiera ya ni carretera.

lunes, 23 de noviembre de 2009

hora pico

Se detiene entre autos y sonidos de claxon. En esa ciudad que respira otoños quemados. Se mira las manos y mira la ventanilla, al otro lado una mujer le sonríe. Tiene una coquetería en los labios que hace que se parezca a Sara. Vuelve la mirada a las manos y al parabrisas. Cuando un golpecito torpe en la ventana le saca del letargo, es ella, que le entrega un pedazo de papel, con un número que parece la clave para desactivar una bomba que podría acabar en un parpadeo todo el mundo. Debajo, un nombre ilegible. Le dice adiós con la mano.
Si no fuera lunes iría tras ella, tras ese auto, hacia la última habitación del último hotel en el fondo de una carretera polvorienta. Para escuchar los últimos gemidos que se parecerían de alguna manera a los de Sara, y esta vez no seria infidelidad porque estaría pensando realmente en ella y no en Simone mientras le besa.

jueves, 19 de noviembre de 2009

al polo norte de la cama

-Te has enamorado alguna vez, te has lanzado al abismo sin paraguas ni escopetas? Has mandado notas entre cigarrillos sin filtro?- pregunta él, y atrapa el humo con un ironía congénita.
-Ahora de lo que único que estoy segura es que unas manzanas son verdes y otras rojas, las amarillas siguen en vía de extinción.

martes, 10 de noviembre de 2009

Es necesario que se repita la historia

Y siempre terminaba hablando de lo mismo, con la sexta copa de tequila en la mano izquierda y un limón con sal en la derecha, nos decía, que podía ocurrir en cualquier rincón del mundo, con azúcar en la maleta y la imaginación invadida por hormigas y grillos que rayan el silencio y los pasos de la noche.
Era misteriosa, nadie lo niega, y todos nos entreteníamos mirándole las manos, ese vaivén de copa y limón, copa y sal, limón y copa. No puedes negar que Simone se vuelve encantadora después de pasados unos tragos, cuando habla con esa simpatía y como si pudiera darle la vuelta al mundo en un dos por tres.
Anoche le cambio unas cuantas comas y unos cuantos verbos a la historia que todos nos sabemos al derecho y al revés, pero es Simone la que hace que nos fascine esa chica ficticia, esa que va despeinada en invierno y con sombreros de colores en verano. Esa que se enamora de hombres con nombres cortos y camas que suspiran con el frio.
Ahora es Sam quien le mira perdidamente. Y es que todos sabemos que era ella quien se derretía y se quedaba con las palabras flotando en el rojo del labial. Ahora no.

sábado, 7 de noviembre de 2009

In the West.

Llevaba siempre en la chaqueta un cigarrillo, una caja de fósforos, un bombón y un dado rojo.
Se sentaba a susurrar las canciones de los años 90, para recordar los amantes que parecían hechos de acido sulfúrico. esos que llevaban alacranes en las piernas.
A veces también, entra a alguna tienda, pide una moneda al despachador y juega a la cara o sello, quien gane invita al otro a cerveza. Así pasaba las tardes, como arrojando azares que no se distinguían los unos de los otros, como cortando atardeceres con cuchillos rojos y electricidad magnética.

martes, 3 de noviembre de 2009

El exilio de las cometas.

Pone sus manos sobre los ojos de él y espera.
Cualquier palabra que se te venga en mente, a la cuenta de tres- Dice y se acerca para rozarle los labios con ese labial de fresa que huele a kilómetros.
Rieles, dice él después de que ella termina de pronunciar el tres como en un país echo de telarañas.
Ahora le toca a él. Le cubre el rostro con esas manos que parecen dibujadas en el polo norte, donde una pared con humedad, hace trazos y silencios color malva.
Café, dice ella, cuando él le besa en el cuello.
Jugaban y tenían estrategias para quedarse en casa y no tratar de desprender el techo o esconderse bajo la cama. Y cuando la imaginación se llenaba de iconoclastas, comían galletas para pasar el tiempo.

sábado, 31 de octubre de 2009

9.53 (los gatos caen con frio en sus ronroneos)

Llueve. Deja la taza con el café de todas las mañanas sobre la mesa. Piensa en que quizá haya otra noche en que ella vuelva y que todo se repita sin que ambos simbolicen el frio bajo unas cuantas palabras de coquetería. Todavía escucha la respiración de ella a su lado, todavía siente en el pecho esas huellas de carmesí y de murmullos inentendibles.
Cuando era niño le gustaba leer cuentos sobre astronautas y le gustaba dibujar estrellas que colisionaban en los ojos de las niñas que usaban vestidos de flores. Siempre le gustaron los vestidos de flores y el color de las amapolas. Recuerda que su madre le decía: no Sam, el segundero no es una nave que te lleva a otras galaxias, el segundero es un gánster que siempre da en el blanco y que aprieta el gatillo con la mirada puesta en otro horizonte.
Pero ahora que esta en casa, con el café helado y la camisa roja que tanto le gusta, piensa en el segundero como ese oasis dormido que lleva bajo la manga siempre que quiere jugar. Ahí viene Sara con los el maquillaje descompuesto y la sonrisa llena de batallas.
Esa mujercarretera no deja de impresionarle.

martes, 27 de octubre de 2009

duele cuando hace frio

Simone siempre quiso aprender a patinar, era su sueño cuando era niña, si le preguntabas que quería ser cuando fuera grande contestaba con una maraña de ideas que conducían siempre a una pista de hielo y aun par de patines fucsia. Pero por casualidades y porque el tiempo al final también se desborda no pudo ser patinadora.
A los doce quería un saxofón, pero por error de sus labios y por la entropía de sus dedos no supo tocarlo.
Simone es ahora de esas que se ríe con nostalgia y con los ojos entornados en otro lado del mundo. Tiene una cicatriz en el cuello de cuando tocaba violín, esa última es la única que duele cuando hace frio, las otras cicatrices se congelaron con el tiempo o simplemente se fueron en ese viaje sin regreso al que ahora quisiera embarcarse sin afán.
Camina sobre tacones rojos y se pone vestidos con los escotes más exóticos del mundo. Es una mujer-semaforoenrojo que no sabe de literatura ni mucho menos de física moderna.

lunes, 19 de octubre de 2009

allí donde esta ella ahora.

Dicen que el frio hace grietas en las palabras y convierte los recuerdos en hojalata, que cuando miras el hielo, los huesos se estremecen y un escalofrío rompe los paréntesis más ocultos.

Por eso se cubría los hombros y encendía un cigarrillo, y otro, y otro mas, todos a la vez, para que el cuerpo y las palabras flotaran en un clima cálido, como ese del desierto, cálido y amarillo, tan amarillo que vuelve la retina humo.

Cuando caza amantes efímeros se lleva esa chaqueta roja que le queda de maravilla. Si te apoyas en el cuello escucharas una canción de esas que lanzan papeles desde la azotea.

Una taza de café y ahora es una chica complicada y triste que brinda con los ojos cerrados y con los días comprimidos en los tacones.

jueves, 15 de octubre de 2009

amantes de uva pasa

No te ocurre en las mañanas, que cuando abres los ojos, es como si un maldito nido de pájaros estuviera en las pestañas, como si todos revolotearan en un apocalipsis cerrado y saz! Solo de nuevo, como un país que no deja marcas en la suela de los zapatos. Hace falta ser mas especifico para construir caleidoscopios y holografías de mujeres que huelen a uva pasa.
Se rindió, como un tren que se desborda entre el pecho y el ombligo. Hace días pasó por aquí Sam, pregunta que si quieres café en un pocillo que lo ha visto todo. Dice también que cuando regreses te regalara una mansión fantasma, para que te cuente historias de esas en las que cuelgan gánster e hipopótamos rosados. Pero ambos sabemos que ni vos ni nosotros regresaran de este lio en el que estamos.

domingo, 11 de octubre de 2009

Puedes verle hasta la rodilla si te acercas un poco más a la ventana

A veces le espiaban desde el tercer piso, siempre con las manos pegajosas de azúcar y de chocolate. Se asomaban a la ventana que había en el sótano, una pequeña, por donde solo veías los pasos de la gente. Y sabían perfectamente la hora en que ella pasaba, siempre de vestido, como en los años 50, con tacones negros y piernas que definían el mundo en una dualidad dispersa. Sabían en que estación del año estaban por su forma de caminar. Ellos permanecían allí, esperanzados por esa mujer anónima y extranjera a la que nunca le habían mirado a los ojos, a la que solo le miraban los pasos y un poco mas desde los otros rincones de la casa. Se la imaginaban con el cabello hasta los hombros, con los pechos firmes y una sonrisa que coincide con el tiempo, se la imaginaban de cuerpo entero con una revista en las manos y el mundo alrededor de ella en un desorden continuo.

Ocurrió que un día la mujer que despertaba en ellos una acumulación constante de palpitaciones amplificadas, dejo de pasar por allí. La calle de pronto dejo ese sabor a viaje que desprendía ella tras de si. Pero el tiempo se prolongo, y ya no valía la pena mirar a través de la ventana, ya no se concentraban todos en un mismo rincón para verle pasar.

Y desde entonces se dedican a visitar parques y circunferencias, para recordar esa dama que caminaba abatiendo un mundo, estimulando la mirada y el tacto de la ventana desde otra dimensión.

lunes, 5 de octubre de 2009

Era flaca y los martes llevaba el cabello de color rojo.

Con sus vestidos siempre anchos y las uñas rasgando el viento, caminaba por una línea invisible, una línea que le separaba de todos los polos próximos a existir. Entre sus labios mantenía la difracción atormentada en un piano que sonaba sin que nadie le prestase atención.
Siempre le veía los martes con el cabello rojo y los ojos delimitados por figuras geométricas difíciles de enredar. No volvió a verla desde la primavera, cuando los arboles se volvieron mas tristes y las canciones se interpretaban con una angustia mas afilada. Ahora que la recuerda, no sabe bien porque dejo de asomarse a la ventana.
El amor es sinónimo de magnetismo y huidas reciprocas con paraguas de muchos colores.

lunes, 28 de septiembre de 2009

( )

Y no puede evitar que al cruzar las piernas caigan meteoritos en el pecho, justo al final del esternón, donde se cortan los recuerdos y las manchas de vino no salen. Ahora el vestido le hace ver mas espectacular que nunca, con el cabello revuelto y los ojos entornados en un desierto que se evapora.

Cuando llegues a casa toca las paredes como si sus grietas hablaran. Él le mira desde la azotea con una tostada en la mano y una taza hirviendo dentro, los limetes escurren noches imposibles de redactar.


martes, 22 de septiembre de 2009

Un cohete y una llamada que se cortan en otoño.

Bajó al sótano con un temblor de pies a cabeza; el ruido de las escaleras entraba a su sangre como copos de nieve ininterrumpidos, congelando todo cuanto habia, como las historias de un polo ambiguo.

Al encender la luz, la silueta de su voz traspasa los objetos y todo tiembla; tiemblan por transmisión, por inercia.

Hacia meses no bajaba al sótano, hacia meses no recordaba los dibujos de cohetes.

Sus viajes a planetas inventados, donde en vez de agua y grietas había cerveza y poemas de Bolaño.

La silla esta mal puesta dentro del pequeño espacio, diagonal a la escalera.

Las paredes siguen conteniendo las manchas, como la respiración de un anciano bajo el agua.

Abre un paréntesis dentro de su consciencia para traer al sótano jarrones rotos y la voz de una mujer desde el cuarto de baño.

La pólvora no funcionó en sus cohetes, sino en la separación de sus brazos cuando la ausencia se superpone.

Después de cerrar el paréntesis, se sienta sobre la mesa, con las piernas colgando como cuadros a punto de flotar; fueron maravillosos los días en que dibujaba y soñaba con viajar descalzo, entre masas estelares.

El temblor permanece en su cuerpo, pero ni el sótano ni los objetos tiemblan ya.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Se come los dulces que acumula con un dejo de lejanía en las manos.

Hoy estuvo pensando en salir al parque y tomarse una malteada de fresa. Con el vestido que la hace ver mas joven, ese que usa cuando quiere conquistar. Tiene el cabello mas debajo de los hombros y la mirada se le comienza a escapar de las pupilas. Sabe que cuando regrese, él no estará en casa, porque es así, por misterioso, porque odia la primavera, porque se queda en silencio cuando quiere hablar de amor. Porque cuando quiere follarla se sienta junto a ella y sin decirle nada le da un beso en la mejilla y la invita a bailar. Es como si manejara un lenguaje secreto, un lenguaje que no sabe de palabras ni de símbolos, sino de gestos y de batallas imaginarias. Esta noche por su ausencia deduce que fue a buscar cigarrillos, quizá no regrese hasta mañana, cuando olvide por completo que dejo las paredes vacías y las ventanas rotas.

Guarda en tus bolsillos dos caramelos
Uno para luego y otro para después.
Tienes el cabello rosa amapola, me recuerda los viajes en que la maleta permanecía desecha desde la llegada hasta la partida.


Guarda el humo bajo la manga para que las canciones no queden tatuadas en las células nerviosas.
Desconocimiento y soledad.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Los detectives se evaporan cuando ven que las chicas pelirrojas detienen el fuego con ecuaciones etílicas

Dices tequila y quieres un desierto que se escurra en cartas anónimas, dices vino y quisieras tener en las manos un libro que explote con solo pensar en su punto final.
Ella se sienta sobre la cama, la oscuridad le desabrocha la camisa, le sube la falda y le besa el cuello para terminar.

Hay sombras en el borde la ventana. Todo se reduce a una noche a solas con copas diminutas que se pierden en el paladar.

Dijo hasta luego y cerró la puerta. Las copas están mas vacías y ella cada vez esta mas al borde la cama. Ya no hay oscuridad que le sujete el cabello mientras enciende el cigarrillo.


un detective mas que se congela, otro que se evapora, otro que se vuelve liquido y húmedo a la vez cuando ella detiene el fuego con ecuaciones etílicas que encuentra en su chaqueta.