lunes, 10 de agosto de 2009

decides mirar al frente para enjugar los sonidos

Y así vas lanzando los dados por todo el mundo sin ganar una sola apuesta. Caen kamikazes, se derrumban las paredes y un minuto antes de que el mundo deje de girar él enciende sus siete radios. Todos en sintonía diferente. Es un escándalo aquella habitación. Pero si miras con detalle, sus pantalones rasgados, su mirada cansada, sus manos agrietadas en vino y cerveza te das cuenta de que un silencio flota en medio del estruendoso desorden.

Tiene una cama chueca y una mesa destartalada. No es ni un caballero ni un vagabundo, es simplemente un hombre al que el horizonte le tuerce los arcoíris y los otoños. Tiene botellas en cada rincón y ceniceros oxidados. El techo esta apunto de colisionar y sus oídos cada vez están más deteriorados. Hay una maquina de escribir también y un cuadro de Picasso.

Siempre se acerca a la ventana cojeando, con un cigarrillo torcido. Mira al hombre que pinta distorsionado. Cree que es un artista que perdió la voz y el pasado. Es un espectador sin armas ni lapiceros. A veces trabaja de carnicero. Otras veces sale de paseo con un cuchillo en el maleta roja que usa los domingos.

El artista y el espectador forman una línea que divide el caos, donde una mujer hace malabares y siente frio en la madrugada.

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