lunes, 24 de agosto de 2009

Todavía le duele.

Las noches en un bar pequeño, una de esas canciones que sabes que conoces pero no recuerdas la letra ni el artista ni la emoción de las guitarras, solo esta ahí, como un cuadro de Remedios Varo, esperando para hacerse polvo.

Se marcho por que ella tenía miedo de enamorarse, porque tenía miedo de apuntar la pistola al revés. Un automóvil te espera a la salida de todas partes. No hay anuncios que declaren la guerra, no hay misiles que estallen en tórax.

Todavía le duelen las canciones, los inviernos, los paraguas rotos, los poemas dibujados en la mesa de un bar, le duelen los besos en la mejilla y las cervezas derramadas sobre sus faldas y sus medias de nylon.

Todavía anhela haber despertado a su lado, con el otoño partido, con los cristales empañados de humo y vapor.

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