sábado, 31 de octubre de 2009

9.53 (los gatos caen con frio en sus ronroneos)

Llueve. Deja la taza con el café de todas las mañanas sobre la mesa. Piensa en que quizá haya otra noche en que ella vuelva y que todo se repita sin que ambos simbolicen el frio bajo unas cuantas palabras de coquetería. Todavía escucha la respiración de ella a su lado, todavía siente en el pecho esas huellas de carmesí y de murmullos inentendibles.
Cuando era niño le gustaba leer cuentos sobre astronautas y le gustaba dibujar estrellas que colisionaban en los ojos de las niñas que usaban vestidos de flores. Siempre le gustaron los vestidos de flores y el color de las amapolas. Recuerda que su madre le decía: no Sam, el segundero no es una nave que te lleva a otras galaxias, el segundero es un gánster que siempre da en el blanco y que aprieta el gatillo con la mirada puesta en otro horizonte.
Pero ahora que esta en casa, con el café helado y la camisa roja que tanto le gusta, piensa en el segundero como ese oasis dormido que lleva bajo la manga siempre que quiere jugar. Ahí viene Sara con los el maquillaje descompuesto y la sonrisa llena de batallas.
Esa mujercarretera no deja de impresionarle.

1 comentario: