domingo, 11 de octubre de 2009

Puedes verle hasta la rodilla si te acercas un poco más a la ventana

A veces le espiaban desde el tercer piso, siempre con las manos pegajosas de azúcar y de chocolate. Se asomaban a la ventana que había en el sótano, una pequeña, por donde solo veías los pasos de la gente. Y sabían perfectamente la hora en que ella pasaba, siempre de vestido, como en los años 50, con tacones negros y piernas que definían el mundo en una dualidad dispersa. Sabían en que estación del año estaban por su forma de caminar. Ellos permanecían allí, esperanzados por esa mujer anónima y extranjera a la que nunca le habían mirado a los ojos, a la que solo le miraban los pasos y un poco mas desde los otros rincones de la casa. Se la imaginaban con el cabello hasta los hombros, con los pechos firmes y una sonrisa que coincide con el tiempo, se la imaginaban de cuerpo entero con una revista en las manos y el mundo alrededor de ella en un desorden continuo.

Ocurrió que un día la mujer que despertaba en ellos una acumulación constante de palpitaciones amplificadas, dejo de pasar por allí. La calle de pronto dejo ese sabor a viaje que desprendía ella tras de si. Pero el tiempo se prolongo, y ya no valía la pena mirar a través de la ventana, ya no se concentraban todos en un mismo rincón para verle pasar.

Y desde entonces se dedican a visitar parques y circunferencias, para recordar esa dama que caminaba abatiendo un mundo, estimulando la mirada y el tacto de la ventana desde otra dimensión.

2 comentarios:

  1. Esa dama que volvía loco a todo aquel que la miraba :)

    Muás!

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  2. la volveran a encontrar?

    si no la encuentran encontrarán a otra chica igual de especial, porque eso es lo que están buscando.

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