sábado, 19 de diciembre de 2009

es lo único que recuerda de Sara

Subía a la azotea y encendía una pequeña fogata. Luego ponía música lo más alto que pudiera llegar a sonar para, según ella, no levantar sospechas de lo que allí sucedía. Como si el sonido a medida que cruzaba las puertas y las paredes se convirtiera en humo y ceniza. Quemaba cartas y hojas en blanco, parecidas a las memorias de alguien que todavia no conoce la dimensión de un campo magnético.

La extraña ahora, porque se marchó como hace la gente que siempre viaja en tren… en silencio y sin nada en los bolsillos.

6 comentarios:

  1. Sara no quería que nadie llegara a conocer su verdadero ser y ni siquiera su existencia.

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  2. ¿Quemar cartas en blanco? Sólo se me ocurre que sea por la pena de no tener nada valioso escrito. Las cartas escritas se rompen, se queman, para olvidar. Las no escritas, quizá por haber dejado pasar oportunidades de llenarlas de sentimientos...

    Un saludo!

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  3. La música era su cómplice y la noche, su guarida...

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  4. Y con el corazón lleno de pesos extraños.



    miau
    en
    bici

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  5. Una linda manera de viajar ¿no crees?
    Un saludo

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