lunes, 7 de diciembre de 2009

y se contiene de llegar lo mas alto posible

Mueve los pies en el aire. Desde niña siempre le gusto sentarse en el columpio que queda detrás del jardín, al final de un caminito estrecho que no llega a ningún lado. Recuerda que se enamoró por primera vez, sentada en ese mismo columpio, con una cinta rosada en el cabello. Era un niño que le hablaba a lo gatos como quien lo ha vivido todo y se dedica el resto de las tardes a contar historias de artillería. Si, él llevaba el cabello despeinado y camisas a cuadros rojos, ella siempre de vestidos y zapatos de charol. Pero ahora no es lo mismo, ahora la ropa le queda más ajustada, y los zapatos que usa ya no corren por los mismos pantanos que antes, ahora solo atraviesan cemento y pistas de baile. Él seguramente les habla a los gatos pero ahora no de artillería sino de mujeres que beben vodka en pocillos rotos y que en la cama son tormentas difíciles de amortiguar.

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