lunes, 13 de diciembre de 2010

Samanta es un número transfinito

Desnuda sobre el sillón azul oscuro observa a través de la ventana polvorienta. Analiza la lejanía y el atardecer de aquella ciudad silenciosa. Solo lleva puesto unos tacones negros. Enreda sus manos una en la otra, y las apoya sobre las rodillas. Espera, con la mirada entornada en los 26 grados centígrados. La luz que se filtra por los cristales dibuja pequeñas sombras de su cuerpo en la alfombra verde que ha tenido desde que se mudó a este lugar. Del otro lado del cuarto todo es perfectamente oscuro, sin sombras, sin iluminación; sólo unas pequeñas líneas de luz intentan llegar lo mas lejos que pueden de la alfombra pero no lo consiguen. El cabello color castaño oscuro le cae sobre los hombros con una tranquilidad extraña, con cierta imperfección que inspira una enorme curiosidad; desde donde yo la miro no se le puede ver el rostro, solo una parte del seno derecho y el ángulo que forman sus manos recostadas sobre sus piernas. También veo susilencio, el incendio de todos los atardeceres que ha visto desde allí, quemándole el rincón mas oculto del alma.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Salome

Vivía de tragedias y de tostadas con mermelada de piña.
Inventaba personas tristes. Su amante favorito era un hombre-vía-láctea, que le susurraba historias de planetas lejanos y colisiones de estrellas. Ella nunca había visto la noche tan llena de fotografías y de un cine exquisito hasta que le conoció a él. Tenias que verlos pasar por ahí, nunca de la mano, pero si con la mirada perdida en el otro. Cuando peleaban pareciera que detuvieran el tiempo y se burlaran del espacio. Ella tomaba las direcciones peligrosas, el tomaba los callejones sin salida. Pero por errores de la relatividad terminaban abriendo la misma puerta de emergencia, llegaban a la misma ruta de evacuación y se quedaban follando hasta que el amanecer se les incrustaba en las vertebras.
No volví a saber nada de ella ni mucho menos de el, a veces me gusta pensar que van por ahí, de taberna en taberna esta vez no follando sino haciendo el amor sobre canciones pasajeras.

lunes, 18 de octubre de 2010

Iba todas las noches a beber ginebra. En silencio sentía el blues deslizándose bajo su camisa. Era una puta de esas sin clase pero mantenía la cordura en el punto exacto. Sabia leer y escribir. Pero no recordaba sumar ni hacer nada inteligente con los números. La primera vez que fue a la playa rapto una concha de mar y la conservó hasta los diecisiete años. No era una de esas mujeres tristes ni alegres, era alguien estable en cuanto a emociones. Ejercía la profesión porque le gustaba, por el azar, porque los vicios abarcan ciertas situaciones y te hacen caer de golpe sin que te des cuenta.

A ella no le ocurre nada fuera de lo común, nadie le espera en casa con la comida caliente o dos copas de vino. Nadie le llama nunca. No le gusta saber la hora. Odia los relojes y la gente que siempre va de prisa. A veces se queda pensando en lo bueno que seria pasar la noche en un desierto. Sin nada que le cubriese el cuerpo. Soportar el frio más insoportable y luego regresar a su vida, como si todo aquello nunca hubiera pasado.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Hacia frio. Últimamente hace más frio que antes.
Tiene una falda y una chaqueta oscura. Miente porque mentir despeja la mente y ayuda a recolectar ideas más factibles. Miente porque cuando es hora de dejarlo todo no hay que dar una explicación ni crear un agujero negro para echar las malas palabras. Ha mentido tanto que al final solo basta recoger las mejores mentiras y agruparlas en un “hasta pronto” que destruye ciudades y carreteras.

Tienes que destruir a las personas antes de que ellos acaben contigo. Así es ella.

Moviéndose en el frio recoge su tasa de café. Suspira y piensa en la última vez que dejó a alguien en la estación de tren. Piensa también en las veces que recorrió las carreteras más peligrosas con la mente en otro lugar del mundo y la mochila llena de cigarrillos y licor.

Mientes porque es necesario incendiar los lugares más fríos de la gente que conoces. Escribe en la ventana que da al sur.

martes, 31 de agosto de 2010

Ambos sabíamos que íbamos a terminar haciendo el amor

Ambos sabíamos que íbamos a terminar haciendo el amor. Desde que Sam me invitó la primera vez al parque, sin palabras de vicio, sin mirada de deseo, sabíamos y no sabíamos lo que vendría después. Esa tarde estuvimos hablando de lugares que duran en la memoria toda la vida, de personas que no éramos capaces de olvidar. Al final llegamos a su casa a tomar vino. Nuevamente sin deseo, sin ambición carnal. La verdad esta es la hora en que no entiendo porque termine desnudándome mientras él cerraba la puerta.
Me miró perplejo. Y yo con una tranquilidad infinita camine desnuda por el primer y el segundo piso, sintiendo el frio de esa noche entre las piernas.
Bebimos poco y escuchamos música que nos transportaba con una velocidad superior a la de la luz.
Yo me conocía bien, yo sabia que era de esas que les gustan los amantes con el alma desbordándose en el azar, pero a él ni siquiera le veía como eso.

Lo mas bonito de esa noche fue que me metí en su cama sin estar todavía lo suficientemente ebria ni desmemoriada para eliminar el caos a la mañana siguiente.

jueves, 26 de agosto de 2010

Violeta

Dijo que se llamaba Silvana y se le sentó en las piernas. El me miró con una sonrisaorgasmo y me guiñó el ojo. Yo bebí de mi ron y me reí en la memoria, estimulando las carcajadas de mis recuerdos. De pronto comenzó a hablarnos de astronomía. Nos señalaba al techo como si fuera el cielo estrellado de aquella noche en California. Nos impresionó a ambos que una puta con tan poca clase pudiera hablar de una manera tan sencilla y hermosa de esas cosas que para nosotros eran inabarcables.
Tenía el cabello oscuro y los ojos claritos, como cuando amanece. Llevaba una falda roja y chaqueta de cuero.
De pronto me preguntó por mi color favorito y no supe que responderle, la verdad es que no tenía uno en especial. Ella entonces nos conto porque su favorito era el violeta. Y desde esa noche no puedo pasar cerca de algo que lleve ese color sin que se me dibuje una sonrisaexcitacion en los labios.

sábado, 24 de julio de 2010

Loser

Se quedó pensando en irse con su chica a vagar por el mundo, en una moto negra. Perderse en una carretera y salir de las cafeterías sin pagar.


Aposto un billete que le quedaba en el fondo del bolsillo. Los demás se movían en el juego sigilosamente, de puntitas. El, por el contrario se deslizaba de una manera torpe con la mirada turbia y los recuerdos encogidos en el interior.


Salió al balcón cojeando, la noche anterior se había caído en su cuarto, totalmente ebrio. Encendió un Malboro y observó como el atardecer se vencía de a poco. Ya todo se le iba saliendo de las manos. El tiempo se le escurría en el alma y la memoria se le fugaba a ratos.

La locura es esa copa de tequila en ayunas que nadie te puede quitar. Ni un atardecer mal dibujado, ni las grietas del paredón.

domingo, 18 de julio de 2010

Al otro lado del mundo

Eran las 8:58 am cuando se levantó de la cama. Fue hasta la cocina, tomó un trozo de pan y un vaso con agua. Se sentó junto a la ventana que da al centro de la ciudad. Hoy seria un día como cualquiera. El cielo estaba nublado y la humedad en la casa aumentaba cada vez más. Eran sus vacaciones. Y desde el primer día había decidido dejarlo todo, tomarse una temporada permanente en la indiferencia, sin cruzar del todo esa frontera de la soledad o de la locura. Y hoy era su diecinueveavo día de estar lejos de todos. Ahora hablaba menos, solo se atrevía a saludar a ancianos y a niños, le intimidaba el resto de la humanidad. Con sus ahorros podría pasar un par de meses así, en la inopia, en el olvido de aquellos que quiso tanto; luego buscaría un trabajo y se dejaría llevar por las lluvias tristes de esa ciudad perdida.


Podría comprarse una maquina de escribir para amortiguar el frio con el ruido de las teclas. Quizá se compraría un pájarolluvia que cantara las canciones más bonitas en las tormentas más espantosas. Quizá…

martes, 13 de julio de 2010

a -41.1 grados centígrados

Se quedo en silencio dos minutos y medio. Con las manos blancas de tanto frio que hacia en aquel lugar. No extrañaba a Sam. Ni la mermelada de frambuesa con la que desayunaban los domingos. Ahora estaba sola. Sí, pero tenía el corazón en su lugar favorito, a la temperatura correcta. Tal vez mas tarde podría escribirle una carta a Sara, le contaría una historia que mantuviera las vocales a menos 41.1 grados centígrados y le dibujaría un iceberg o un barco que se congela de a poco.


Detrás de la rubia encontraras un elegante caballero que enciende su pipa y saca su lupa del bolsillo izquierdo del gabán

martes, 6 de julio de 2010

"sin punto exacto"

Con Sofía aprendí a hacer el amor de otra manera. Sin quitarme la ropa. Solo entrelazando imágenes dentro del otro. No me hundía en su cuerpo, me hundía en ella, en sus recuerdos, en esa mente retorcida de aquella chica pelirroja. Me gustaba porque iba contra la corriente, porque bebía sin parar y sin medir las consecuencias, porque no se arrepentía de nada. No le importaba el mundo. Yo podría irme cualquier día y ella no lo hubiese notado jamás. Nos besábamos en todo momento, cuando atardecía, en la cena, antes de irnos a la cama. Nos revolcábamos allí toda noche, tocándonos por encima de la ropa. Me gustaban sus gemidos, solo ahí parecía derrotada, solo ahí parecía rendirse en una guerra que ella misma se había impuesto desde el comienzo.
A veces llegaba con bombones que había robado del supermercado. Tenía el dinero para pagar, pero decía que era mejor tomarlos sin permiso y echar a correr. Parecía una niña aunque tuviese el cuerpo tan desarrollado.


Ahora que estas a novecientas canciones de aquí, me hacés una falta enorme. Todas las mujeres con las que he estado se desnudan en instantes sin ni siquiera haber pronunciado el nombre, aunque sea un nombre falso.
Tu nombre falso era Amarilla. Y yo jugaba a combinar tu color con cualquier gato que encontrábamos en las esquinas. A vos te quise, también de un modo diferente, casi tan silencioso como cuando hacíamos el amor.

lunes, 28 de junio de 2010

Un paraíso

Todo son extremos. Lleva excusas entre las costillas. Colecciona vergüenzas en copas de tequila y reserva los lunes para arrepentirse de los errores, de las carreteras que ha atravesado, de los amores que ha hecho difíciles. Usa esmalte rojo y sueña con un mustang color lluvia que la lleve al fin del mundo. Sobria es un silencio que intimida, ebria es un ruido que aturde y hace imposible la tranquilidad. Podría cruzar el borde de un cuchillo, romper el cristal dentro de sí y llamar luego a un viejo amigo para confirmar una invitación de hace muchos años. Pero prefiere seguir ahí, en ese desierto, apareciendo de nuevo en el mismo sitio, con la felicidad partida y los ojos en otro lugar que no es allí.

lunes, 21 de junio de 2010

de nuestro silencio antes y después de.

Me miró con un poquito de helado desbordándosele por la comisura del labio. ¿De qué esta hecha el alma?, me preguntó. Tarde un rato en atravesar la profundidad de esas palabras y la edad de aquella niña con un centenar de preguntas extrañas. Le dije que el alma estaba hecha de tequila, de humo, de ron con coca cola, de catástrofes, de excusas, fatalidad y gasolina. Quizá también este hecha de plutonio, de recuerdos no, de eso esta hecho el pasado, y en el alma no hay pasado, no hay tiempo, el espacio allí opera en contra de finales y de comienzos también.
Siguió comiéndose el helado, luego me dijo que era hora de regresar, que el frio se le estaba hundiendo en las manos.

martes, 8 de junio de 2010

Algo anda mal, Sam

La vi salir de la heladería con el cabello revuelto. Acomodándose la blusa y sin saber muy bien hacia donde caminar. Parecía una tormenta que no sabe como llegar a los lugares fríos, donde la gente deja el paraguas olvidado en la estación de tren. Era ella, pero parecía otra persona, algo dentro de mí la noto tan diferente, incluso cuando la tuve de frente, ni siquiera me miró, esquivo mi cuerpo y trazó otro camino que daba al noroeste. Y llevaba prisa a pesar de todo; no le pregunte como estaba, no quise sacudirla y sacarla de su somnolencia, simplemente me quede perpleja de que no se diera cuenta que estuvo a punto de chocar conmigo. Porque sé que donde vaya ahora todavía ignora ese encuentro, ese silencio y esa fragilidad con que ambas seguimos la vida. Algo anda mal, Sam, algo muy malo tiene que estar carcomiéndole el cerebro y la locura con que se movía antes. Una locura que a todos nos hizo felices, mucho más a tus amantes que a vos mismo, Sam.


Es Sara, es la misma Sara sola que ahora no usa bragas rojas ni esmalte negro. Es ella, la que yo conocí, la que me intento conquistar; la otra que conocieron era una copia barata de Simone, la que realmente hacia de las tardes un bombardeo de orgasmos.

domingo, 30 de mayo de 2010

un oasis y dos canciones de Gardel

Samantha. Llega una hora después de la acordada. Con el vestido que le cubre solo una parte del muslo y muy poco de los hombros. Pide ron con coca cola para variar, un cigarrillo amargo, porque según ella son los que dejan verdaderas huellas en los pulmones. Cruza las piernas con ese toque infantil que maneja, como si tuviese un plan entre manos, como si supiera los secretos de todo el mundo y los guardara en dinamita para asegurar. Creo que esta noche iremos a cine, luego de besarle el cuello la llevare a casa. Le daré café con leche y hablaremos de Bill Bryson antes de que decida regresar junto a Silvia, la única persona que puede derrotarla.

domingo, 16 de mayo de 2010

Historia de una mujerhumo y un hombre con rock and roll en las costillas

¿Fueron felices?
Posiblemente no. Ella tenía marcas de tristeza en la retina. El tenía las manos marcadas con un pasado lleno de golpes. Los veía sentarse en el parque a invadir los pulmones de humo y las risas de nostalgia. Ella siempre llevaba su mochila roja con amores fugaces.
Pero entonces, el día 68 algo paso. Todo lo que tocaba lo destruía, lo llenaba de humo hasta asfixiar las palabras, hasta hacer que el mundo cambiara las carcajadas por cajetillas de cigarrillo y tormentas en la mirada. Se fue con otro.
La vi otro par de veces por ahí, con un paraguas y la cabeza inclinada hacia el norte. Fumando más que nunca, llenando lo triste de la vida con nicotina y colores que giran la felicidad o la ahogan con tequila. Ya no llevaba la mochila roja como antes, ya no miraba los arboles como a punto de decirles cualquier poema que desgarra. El hombre, aquel del pelo suelto y rock and roll en todo el cuerpo, nunca lo volví a ver. Solo se que la mujerhumo el día 68 fue mas triste que antes, porque esta vez, no pudo obsequiar el dolor que llevaba dentro, sino que robo heridas, robo grietas internas y las canciones mas hondas del mundo. Allí se quedo, dentro de unas guitarras rayando la poca luz que salia de las colillas.

lunes, 10 de mayo de 2010

Lleva el pantalón desajustado y la blusa se le escurre en los hombros. Son las 6.02 am. Un tren que viaja al norte, un norte perdido en las líneas de las manos. Y esas líneas… no sabe desde cuando las trazó, cualquier día despertó con ellas tatuadas en la acidez de su epidermis. Sí, esa palabra que no recordó anoche, piensa. Otro tipo con la mirada perdida en una Irlanda que ya no existe. Irlanda. Otra vez camina sobre el borde de una esfera sin perspectiva. Esta vez ira a casa de Silvia, se acostara en la cama y soñara con perros callejeros, perros que saben de geografía e historia. Hace mucho tiempo no bebía tanto café ni inhalaba la nicotina de otros. No esta ebria ni con sobredosis de tristeza. Hoy no ha olvidado nada, ni sus huracanes ni sus cataclismos. Todo lo lleva puesto en el lugar perfecto, justo donde encajan esas ganas de salir corriendo dejando atrás todas las puertas abiertas. Una ventana es lo que necesita, una ventana y un pasadizo que la lleve a un invierno sin paraguas.

miércoles, 21 de abril de 2010

También quiso contarle lo de esa noche, antes de terminar con la mente en blanco, pero él ya no quería escucharla, le dolían los pulmones por el cigarrillo, le dolía la cabeza de pensar en lo que ella podía llegar a hacer en unas cuantas horas, le entristecía saber que esa chica no era la que el había querido tanto, la que le enseño a leer a Poe y a comer tostadas en la mañanita, antes de que el sol terminara de quemarles la retina.
Ya no podía escuchar esa sombra que quedaba de ella, ese montón de ruinas y de esperma que le cubría el cuerpo, el útero, los labios, el pecho, la nariz, los ojos, los sueños. Ya no podía seguir interpretando esa comedia donde la única que reía con verdadera tristeza era ella.
Alguna vez le dijo, antes de que llegaran al bar, que cuando más carcajadas tenia atoradas en la garganta, mas ganas de llorar le entraban y los recuerdos se le arrojaban con cuchillos y corchetes para no dañarlo todo de una vez, sino en dos, tres, cuatro veces. Ese día dejó de sentirla, ese día se marchó de la ciudad con Sara y se consiguió a Sonia de amante. Porque él es de esos hombres que no pueden vivir sin amantes, porque ¿Qué tal si esa alarma que lleva dentro suena y no hay una salida de emergencia sino solamente Sara?
Ya simone no era la chica fuerte, la chica punk que hacia caer los edificios del centro a patadas, solo porque sí, porque le daba la gana, porque el resto del mundo le importaba gorro. De tanto tratar de creer que no quería a nadie, dejo de quererlos a todos, se los llevo con ella a ese abismo y a la punta de sus tacones.
Esos tacones en este momento bailan un rock and roll que no recuerda ninguna época, ni siquiera de esas lejanas que te hacen sacudir la cabeza en un si infinitesimal.

lunes, 19 de abril de 2010

tan vacia

No se detiene porque ya es tarde, porque la puerta que tenia que abrir la dejó para abrirla luego, cuando los números se rindieran dejando de entorpecerle la mirada. Ella, caminando por una ciudad que se ahoga en humo y paréntesis. No es fácil reconocerla entre los transeúntes, a pesar del paraguas y la mirada rota que disimula con mucho maquillaje. Si él la siguiera a donde va, solo vería un pasillo, el olor a hospital y un poema en otro idioma.
Esa bomba que estalla cada cinco minutos le esta volviendo a molestar, ese ruido que viene de dentro se le esta quedando con la respiración en las manos.

Un poquito de vodka no le haría daño a una chica con soledad higroscópica, no ahora, que todo excede la velocidad de la luz.

sábado, 3 de abril de 2010

w

Es mejor no salvar los sueños de nadie,
Es mejor que se les escapen a los otros las ganas de querer
Es más fácil no retener nada y dejar que todo pase, como los autos que te elevan la falda hasta un Mississippi susurrado mientras te follan.


Esta mañana mientras se sentaba en la cama y se sorbía su café de a poquito, me dijo que la ciudad era un charco imposible de rodear, que quería irse lejos, donde no llegaran ni los aviones ni los pensamientos en barcos de papel. Me tarareó una de esas canciones de los 60 como las que escuchaba mi tía antes de irse a trabajar. No se porque las palabras se quedaron sentadas en la memoria, de pronto cogió su bolso y se marchó sin terminar de beberse el café.

lunes, 22 de marzo de 2010

" "

También le dolía la luz y las figuras que se formaban tras ella. No lograba saber de donde provenía aquella luz y aquel ruido que le cortaban la respiración de a poco. Se acercó a la ventana y no vio más que linternas y llamas. Se le antojó una copa con hielo. Se le antojó estar en chile, en el segundo piso de su casa hojeando un libro de fitopatología.


Despierta con las sábanas llena de sudor. El corazón parece ir por una carretera despejada a velocidades inéditas. Al lado esta Sofía, soñando quizá con un viaje a playas desiertas. Se levanta de la cama todavía temblando, sacando las incógnitas de aquella pesadilla. Afuera el frio golpea las ventanas de las otras casas, se mete en los autos y sale con aromas de escapadas instantáneas. Debería volver a chile, debería rehacer su vida y olvidar esa mujer que tiene ahora en casa.

sábado, 13 de marzo de 2010

suena una guitarra en el sótano

Una vez conocí a un hombre de cabello suelto que hablaba de estrellas y de un viaje al cinturón de orión, tenía los ojos claros y le gustaba la leche y el cigarrillo antes de dormir.
Follaba los domingos temprano escuchando nirvana. Luego preparaba el desayuno y volvía a la cama con más ganas de follar. La palabra que más repetía era presión, presión constante, presión volumétrica, cualquier presión que se le viniera en mente. Una noche mientras fumábamos en la terraza me hablo de irse aleatoriamente, para siempre, sin necesidad de dejar las ventanas limpias o los platos en orden. Supe que seria el único hombre que recordaría incluso después de trazar todas las cordilleras del mundo en mi ventrículo izquierdo.

martes, 23 de febrero de 2010

Diecinueve

Busca en los cajones de Sam y encuentra una botella de vodka. Un trago en cada rincón de la casa. Hace mucho tiempo no estaba sola y en silencio total, sin el murmullo de la tele o la radio. Encuentra en cada cuarto alguna frase mal dicha, algún gesto nuevo. Todavía no logra acostumbrarse a un espacio tan grande. Se mira en el espejo del cuarto; recuerda cuando era niña y quería ser doctora, cuando se escondía en los arboles los domingos para esquivar la misa y el almuerzo donde los abuelos. La primera vez su madre la castigó escondiendo su muñeca de trapo, la segunda vez dejo de darle cereal en el desayuno, el resto de domingos se volvió una rutina de fugas.

Si fueras doctora me gustaría que me recetaras una botella de vino y unas galletas de coco, pero nunca aprendiste a hornearlas, por saltar la cuerda, por vagar entre los arbustos, por ir siempre un paso adelante y otro atrás sin saber donde estabas parada. A los diecinueve tuviste tu primer romance y desde entonces no te gustan las colombinas de colores ni la leche.

martes, 16 de febrero de 2010

Sussane

Le dicen Sussane y creo que le gusta el chocolate con arequipe. Tiene una cicatriz en el cuello y se pasa los dedos por el pelo cuando lee Silvia Plath. Es esa mujer que sigue de pie después de un impulso, la que esta encima del rascacielos con un infinito entre las piernas; sin embargo cuando la miras no piensas en follar, piensas en el día siguiente después de habértela follado y te dan ganas de tener en ese momento un jugo de naranja y un Lucky Strike


Cuando va a las fiestas se comporta como esas mujeres con zapatos de tacón que te coquetean por un trago y luego por un espacio en la cama.

martes, 9 de febrero de 2010

Se pinto los labios de rojo y se fue.

Esperas en mitad de la calle, con la maleta vacía, los cordones desabrochados. Piensas en las personas que se van sin romper nada, sin dejar herida, las que se marchan en silencio y con un abismo en los bolsillos. Esas que duelen cuando les recuerdas los domingos. De pronto sientes frio, dejaste la chaqueta en casa. Miras siempre al mismo lado, con la humedad que dejan esos que cierran la puerta despacio, para no despertarte, para no gritar en falso. No deberían existir las despedidas, deberían existir los silencios que tengan guantes y gorros para el frio.

jueves, 4 de febrero de 2010

Eso fue todo.

La casa esta sucia, huele a café y cigarrillos, a humedad y polvo. No se levanta de la cama hace dos días, se la pasa mirando hacia el mismo lado. Una pared olvidada por el agua; de arriba abajo rayas de lápiz labial. Su nombre escrito en cursiva. Roja… dice, llamándola, pero ella no regresa, ella se queda ahí donde la ha dejado, en una fotografía mal hecha con los brazos cruzados y los ojos en otro lugar del mundo. Espera, lleva años esperando, espera otra vez, que los niños hagan tiros al aire, que las guerras se extravíen en su medula espinal, que el bus se detenga en el instante dado, que los pararrayos dejen huella en el útero de las mujeres, que ella vuelva, espera que el tiempo se detenga, esos guantes que nunca aparecieron.

¿Donde estas ahora roja?. Con tus coqueteos y tus cigarrillos franceses. Piensa y cierra los ojos para volver a esperar.

martes, 2 de febrero de 2010

¿A qué viniste?

Sara esta enferma. Le duele el pecho y tose más de lo normal. Sam le ha regalado tres hojas, para que escriba, para que dibuje, para las deje en blanco otra vez. Ya no sale de casa, se la pasa viendo la tele, leyendo a Foucault y escuchando de vez en cuando Louis Armstrong.


-Que eres una hipocondriaca, un cigarrillo que te apagan en el cuerpo sin que te des cuenta.
-Y tu una jodida abrepiernas, que solo sirve para llevarse una copa a los labios.
-Me llegas a fondo Sara.
-No tengo miembro Simone, no te he podido penetrar, de lo contrario me amarías.

jueves, 28 de enero de 2010

Todavía hay noches que no acaban de reproducirse.

Esta mañana hizo mas frio que de costumbre, despertó en la mañanita, cuando el sol apenas intentaba oxidar la trasparencia de las ventanas. Tenía los labios secos y la mirada abriendo abismos en toda la habitación. No recuerda nada de lo que ocurrió anoche. Tiene el cabello enredado entre humo y cerveza. Se quita la ropa y espera. Espera una orden de alguien inexistente.
En la bañera todo parece mas tranquilo, ahora hace el recuento de la noche.
Salió de casa. Llevaba dos cigarrillos y una botella de tequila en el bolso. Tenía falda y chaqueta. En un bar pidió un tinto y de vez en cuando bebía pequeños sorbos del tequila sin que nadie se diera cuenta. Recuerda al camarero, trata de retener esa imagen que le arroja la memoria. En ese momento no llevaba chaqueta.
Hubo alguien mas, alguien que también bajo los ojos hasta romper la mirada contra su pecho.

-Así que eso fue todo, un viejo amor de la adolescencia. Se te escapan del pasado y aparecen en los bares, en las cafeterías, en las estaciones de tren, no sabes a donde los lleva la inconsciencia después de olvidar los rostros. Y ahí lo tienes, mirándote de arriba abajo, con ganas de bombardear cuanta cama se atraviese con tu cuerpo.-

sábado, 23 de enero de 2010

Tengo miedo Silvia.

-me voy de viaje.
-¿con quién?
-se llama Suzanne y usa guantas los viernes en la noche.

-¿A qué le tienes miedo Sam?
-A los espacios abiertos, a las arañas, a las mujeres que beben para olvidarlo todo, a los que se enamoran y no extrañan, a los kamikazes subterráneos, al tequila que sabe a prostituta, le tengo miedo a los gatos que hablan, a los hombres que miran de soslayo, le tengo miedo del miocardio, de los zapatos que llegan donde no deberían llegar, de los bandoneones, de los tangos que suenan raro cuando estoy triste, de las sábanas que guardan secretos, de las ventanas, de las aves que lo saben todo, de vos, de Simone, de Sara, del humo que generan cuando quieren irse, de las canciones que se quedan en la memoria infinitas veces, de los caleidoscopios, de la lobotomía, de Francia, de Baudelaire. Tengo miedo del invierno que se pega a los pulmones, del siete, de los etcétera que llegan a Manhattan, de las salas de cine, de mi obsesión por tenerlo todo bajo la misma manga, de los amantes, del ajedrez, de las mujeres que escriben bonito, de los que siempre dicen demasiado tarde, de la combustión espontanea. Le tengo miedo a todo, Silvia.

-Eso no es todo cariño.

martes, 19 de enero de 2010

mirame los ojos y no las tetas.

A Silvia, la conocí en un bar, por ese tiempo trabajaba allí en el turno de los jueves y viernes. Ella llego pidiendo prestado el baño, me ofreció unas monedas a cambio. Cuando baje la mirada hasta su escote que iba de aquí a Roma pude comprender lo misteriosa que resultaba, en el fondo no parecía una mujer, sino un lugar, un hotel en el que nadie quiere quedarse mas de dos noches. No me la imagine en una cama, me la imagine en un desierto contándole historias de astronautas perdidos. Solo recuerdo que se me acerco y me dijo al oído: cuando me hables querido, procura mirarme los ojos y no las tetas.

-Pero eso no fue todo lo que dijo el tipo. En adelante la historia es muy confusa, pero ya ves, Silvia no es la mujersilencio que pensábamos era.- dijo Simone con los ojos en el borde la copa.

sábado, 16 de enero de 2010

¿Sabias que "nunca" es un sinónimo de "infinitamente pronto"?

-Crees que volveremos a follar?
-No, creo que nunca.

Sale del cuarto con el silencio de las almohadas todavía sobre su cuello. Mira a través de la ventana. No volverá a este lugar, ni a inclinarse como lo esta haciendo. El problema es que ya le quiere, el problema, es que es esa clase de hombres que piensan en el borde de la lejanía pero cuando menos te lo esperas son los mas aferrados al lugar donde estas de pie.

-Te veré bailar al fondo de una fotografía que se incendia.
-Y luego?
-Te daré la espalda, como un amante en fuga.

La abraza, le besa la mejilla y vuelve al cuarto, es como si todo el tiempo que estuvo sobre la ventana él hubiera podido escuchar sus pensamientos.

miércoles, 6 de enero de 2010

Una historia de amor.

Sam nunca llega a casa antes de la cena. Pero esta tarde ha llegado con dos horas de anticipación. No hay nadie en casa, Sara ha salido a dar un paseo por el centro, con su cabello siempre al viento y un aire muy particular. En la nevera solo tienen vino y queso, al estilo francés pero inconscientemente; toma una de las botellas que están empezadas. Bebe un trago largo. Piensa en Silvia, en Simone, en Sara, todas son buenas bajo las sabanas, todas llegan a amar en los hoteles de carretera, pero para él es imposible, eso de amar siempre le fue complicado. Silvia es la única que guarda el misterio que todos los hombres buscan bajo la falda de una mujer. No sabe si ese sea su verdadero nombre, ella es la amante callada, la que nunca se ha enamorado, la del lugar inexistente, ella…. Silvia es el puzle que nunca terminó, esa canción que todavía no sabe como se llama.
Sube al cuarto y coge un cuaderno. Empieza a dibujarla y a desdibujarla. En el fondo tal vez si haya amado, el problema es que no sabe muy bien como va la historia. Deja el cuaderno sobre la cama, va por otro trago largo de oporto y ahora piensa en Simone; ayer la abandonó en la estación con un cigarrillo en la mano izquierda.

-si, en el fondo tal vez haya amado, el problema es que no recuerdo en que viejo hotel-

domingo, 3 de enero de 2010

¿Un tequila luego?

-¿Ves? ¿Lo jodido que es estar enamorada y que te dejen abandonada en la estación del tren? Quisiera ir a ese lugar del que tanto hablan, donde el norte podría decirme: Simone, ¿un tequila luego?, y yo sonreiría, porque ya sabes como me pone el tequila, a hablar un poco demás y reírme a carcajadas. Pero en fin, la gente siempre ha de terminar evaporándose. Otra vez iré de amante en amante hasta que el juego se torne a mi favor y pueda huir sin dejar ningún rastro. Seguramente volveré a ser la niña de lo tejados, sabes también lo ingenua que soy.
-¿Y qué harás ahora?
-Elevare una cometa roja, incendiare una ciudad entera, me comeré un helado de vainilla con fresas y a él, le escupiré la camisa.