jueves, 28 de enero de 2010

Todavía hay noches que no acaban de reproducirse.

Esta mañana hizo mas frio que de costumbre, despertó en la mañanita, cuando el sol apenas intentaba oxidar la trasparencia de las ventanas. Tenía los labios secos y la mirada abriendo abismos en toda la habitación. No recuerda nada de lo que ocurrió anoche. Tiene el cabello enredado entre humo y cerveza. Se quita la ropa y espera. Espera una orden de alguien inexistente.
En la bañera todo parece mas tranquilo, ahora hace el recuento de la noche.
Salió de casa. Llevaba dos cigarrillos y una botella de tequila en el bolso. Tenía falda y chaqueta. En un bar pidió un tinto y de vez en cuando bebía pequeños sorbos del tequila sin que nadie se diera cuenta. Recuerda al camarero, trata de retener esa imagen que le arroja la memoria. En ese momento no llevaba chaqueta.
Hubo alguien mas, alguien que también bajo los ojos hasta romper la mirada contra su pecho.

-Así que eso fue todo, un viejo amor de la adolescencia. Se te escapan del pasado y aparecen en los bares, en las cafeterías, en las estaciones de tren, no sabes a donde los lleva la inconsciencia después de olvidar los rostros. Y ahí lo tienes, mirándote de arriba abajo, con ganas de bombardear cuanta cama se atraviese con tu cuerpo.-

3 comentarios:

  1. Yo por eso nunca he querido beber alcohol en la calle. Gracias, Redbulls, por mantener mi mente consciente y alerta todas esas noches.
    Besos!

    ResponderEliminar
  2. Qué hermosa la imagen de Audrey Kawasaki en tu Blog.

    ResponderEliminar
  3. Las hormonas de la adolecencia es un veneno del pasado que nos persigue de forma aterradora , de ese modo , su llave maldita es el alcohol mezclada con soledad, al final de cuentas una vez que estas en el camino para olvidar es mejor seguir tomando , tomando, tomando, coma...
    Beso

    ResponderEliminar