miércoles, 21 de abril de 2010

También quiso contarle lo de esa noche, antes de terminar con la mente en blanco, pero él ya no quería escucharla, le dolían los pulmones por el cigarrillo, le dolía la cabeza de pensar en lo que ella podía llegar a hacer en unas cuantas horas, le entristecía saber que esa chica no era la que el había querido tanto, la que le enseño a leer a Poe y a comer tostadas en la mañanita, antes de que el sol terminara de quemarles la retina.
Ya no podía escuchar esa sombra que quedaba de ella, ese montón de ruinas y de esperma que le cubría el cuerpo, el útero, los labios, el pecho, la nariz, los ojos, los sueños. Ya no podía seguir interpretando esa comedia donde la única que reía con verdadera tristeza era ella.
Alguna vez le dijo, antes de que llegaran al bar, que cuando más carcajadas tenia atoradas en la garganta, mas ganas de llorar le entraban y los recuerdos se le arrojaban con cuchillos y corchetes para no dañarlo todo de una vez, sino en dos, tres, cuatro veces. Ese día dejó de sentirla, ese día se marchó de la ciudad con Sara y se consiguió a Sonia de amante. Porque él es de esos hombres que no pueden vivir sin amantes, porque ¿Qué tal si esa alarma que lleva dentro suena y no hay una salida de emergencia sino solamente Sara?
Ya simone no era la chica fuerte, la chica punk que hacia caer los edificios del centro a patadas, solo porque sí, porque le daba la gana, porque el resto del mundo le importaba gorro. De tanto tratar de creer que no quería a nadie, dejo de quererlos a todos, se los llevo con ella a ese abismo y a la punta de sus tacones.
Esos tacones en este momento bailan un rock and roll que no recuerda ninguna época, ni siquiera de esas lejanas que te hacen sacudir la cabeza en un si infinitesimal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario