lunes, 28 de junio de 2010

Un paraíso

Todo son extremos. Lleva excusas entre las costillas. Colecciona vergüenzas en copas de tequila y reserva los lunes para arrepentirse de los errores, de las carreteras que ha atravesado, de los amores que ha hecho difíciles. Usa esmalte rojo y sueña con un mustang color lluvia que la lleve al fin del mundo. Sobria es un silencio que intimida, ebria es un ruido que aturde y hace imposible la tranquilidad. Podría cruzar el borde de un cuchillo, romper el cristal dentro de sí y llamar luego a un viejo amigo para confirmar una invitación de hace muchos años. Pero prefiere seguir ahí, en ese desierto, apareciendo de nuevo en el mismo sitio, con la felicidad partida y los ojos en otro lugar que no es allí.

lunes, 21 de junio de 2010

de nuestro silencio antes y después de.

Me miró con un poquito de helado desbordándosele por la comisura del labio. ¿De qué esta hecha el alma?, me preguntó. Tarde un rato en atravesar la profundidad de esas palabras y la edad de aquella niña con un centenar de preguntas extrañas. Le dije que el alma estaba hecha de tequila, de humo, de ron con coca cola, de catástrofes, de excusas, fatalidad y gasolina. Quizá también este hecha de plutonio, de recuerdos no, de eso esta hecho el pasado, y en el alma no hay pasado, no hay tiempo, el espacio allí opera en contra de finales y de comienzos también.
Siguió comiéndose el helado, luego me dijo que era hora de regresar, que el frio se le estaba hundiendo en las manos.

martes, 8 de junio de 2010

Algo anda mal, Sam

La vi salir de la heladería con el cabello revuelto. Acomodándose la blusa y sin saber muy bien hacia donde caminar. Parecía una tormenta que no sabe como llegar a los lugares fríos, donde la gente deja el paraguas olvidado en la estación de tren. Era ella, pero parecía otra persona, algo dentro de mí la noto tan diferente, incluso cuando la tuve de frente, ni siquiera me miró, esquivo mi cuerpo y trazó otro camino que daba al noroeste. Y llevaba prisa a pesar de todo; no le pregunte como estaba, no quise sacudirla y sacarla de su somnolencia, simplemente me quede perpleja de que no se diera cuenta que estuvo a punto de chocar conmigo. Porque sé que donde vaya ahora todavía ignora ese encuentro, ese silencio y esa fragilidad con que ambas seguimos la vida. Algo anda mal, Sam, algo muy malo tiene que estar carcomiéndole el cerebro y la locura con que se movía antes. Una locura que a todos nos hizo felices, mucho más a tus amantes que a vos mismo, Sam.


Es Sara, es la misma Sara sola que ahora no usa bragas rojas ni esmalte negro. Es ella, la que yo conocí, la que me intento conquistar; la otra que conocieron era una copia barata de Simone, la que realmente hacia de las tardes un bombardeo de orgasmos.