martes, 8 de junio de 2010

Algo anda mal, Sam

La vi salir de la heladería con el cabello revuelto. Acomodándose la blusa y sin saber muy bien hacia donde caminar. Parecía una tormenta que no sabe como llegar a los lugares fríos, donde la gente deja el paraguas olvidado en la estación de tren. Era ella, pero parecía otra persona, algo dentro de mí la noto tan diferente, incluso cuando la tuve de frente, ni siquiera me miró, esquivo mi cuerpo y trazó otro camino que daba al noroeste. Y llevaba prisa a pesar de todo; no le pregunte como estaba, no quise sacudirla y sacarla de su somnolencia, simplemente me quede perpleja de que no se diera cuenta que estuvo a punto de chocar conmigo. Porque sé que donde vaya ahora todavía ignora ese encuentro, ese silencio y esa fragilidad con que ambas seguimos la vida. Algo anda mal, Sam, algo muy malo tiene que estar carcomiéndole el cerebro y la locura con que se movía antes. Una locura que a todos nos hizo felices, mucho más a tus amantes que a vos mismo, Sam.


Es Sara, es la misma Sara sola que ahora no usa bragas rojas ni esmalte negro. Es ella, la que yo conocí, la que me intento conquistar; la otra que conocieron era una copia barata de Simone, la que realmente hacia de las tardes un bombardeo de orgasmos.

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