sábado, 24 de julio de 2010

Loser

Se quedó pensando en irse con su chica a vagar por el mundo, en una moto negra. Perderse en una carretera y salir de las cafeterías sin pagar.


Aposto un billete que le quedaba en el fondo del bolsillo. Los demás se movían en el juego sigilosamente, de puntitas. El, por el contrario se deslizaba de una manera torpe con la mirada turbia y los recuerdos encogidos en el interior.


Salió al balcón cojeando, la noche anterior se había caído en su cuarto, totalmente ebrio. Encendió un Malboro y observó como el atardecer se vencía de a poco. Ya todo se le iba saliendo de las manos. El tiempo se le escurría en el alma y la memoria se le fugaba a ratos.

La locura es esa copa de tequila en ayunas que nadie te puede quitar. Ni un atardecer mal dibujado, ni las grietas del paredón.

domingo, 18 de julio de 2010

Al otro lado del mundo

Eran las 8:58 am cuando se levantó de la cama. Fue hasta la cocina, tomó un trozo de pan y un vaso con agua. Se sentó junto a la ventana que da al centro de la ciudad. Hoy seria un día como cualquiera. El cielo estaba nublado y la humedad en la casa aumentaba cada vez más. Eran sus vacaciones. Y desde el primer día había decidido dejarlo todo, tomarse una temporada permanente en la indiferencia, sin cruzar del todo esa frontera de la soledad o de la locura. Y hoy era su diecinueveavo día de estar lejos de todos. Ahora hablaba menos, solo se atrevía a saludar a ancianos y a niños, le intimidaba el resto de la humanidad. Con sus ahorros podría pasar un par de meses así, en la inopia, en el olvido de aquellos que quiso tanto; luego buscaría un trabajo y se dejaría llevar por las lluvias tristes de esa ciudad perdida.


Podría comprarse una maquina de escribir para amortiguar el frio con el ruido de las teclas. Quizá se compraría un pájarolluvia que cantara las canciones más bonitas en las tormentas más espantosas. Quizá…

martes, 13 de julio de 2010

a -41.1 grados centígrados

Se quedo en silencio dos minutos y medio. Con las manos blancas de tanto frio que hacia en aquel lugar. No extrañaba a Sam. Ni la mermelada de frambuesa con la que desayunaban los domingos. Ahora estaba sola. Sí, pero tenía el corazón en su lugar favorito, a la temperatura correcta. Tal vez mas tarde podría escribirle una carta a Sara, le contaría una historia que mantuviera las vocales a menos 41.1 grados centígrados y le dibujaría un iceberg o un barco que se congela de a poco.


Detrás de la rubia encontraras un elegante caballero que enciende su pipa y saca su lupa del bolsillo izquierdo del gabán

martes, 6 de julio de 2010

"sin punto exacto"

Con Sofía aprendí a hacer el amor de otra manera. Sin quitarme la ropa. Solo entrelazando imágenes dentro del otro. No me hundía en su cuerpo, me hundía en ella, en sus recuerdos, en esa mente retorcida de aquella chica pelirroja. Me gustaba porque iba contra la corriente, porque bebía sin parar y sin medir las consecuencias, porque no se arrepentía de nada. No le importaba el mundo. Yo podría irme cualquier día y ella no lo hubiese notado jamás. Nos besábamos en todo momento, cuando atardecía, en la cena, antes de irnos a la cama. Nos revolcábamos allí toda noche, tocándonos por encima de la ropa. Me gustaban sus gemidos, solo ahí parecía derrotada, solo ahí parecía rendirse en una guerra que ella misma se había impuesto desde el comienzo.
A veces llegaba con bombones que había robado del supermercado. Tenía el dinero para pagar, pero decía que era mejor tomarlos sin permiso y echar a correr. Parecía una niña aunque tuviese el cuerpo tan desarrollado.


Ahora que estas a novecientas canciones de aquí, me hacés una falta enorme. Todas las mujeres con las que he estado se desnudan en instantes sin ni siquiera haber pronunciado el nombre, aunque sea un nombre falso.
Tu nombre falso era Amarilla. Y yo jugaba a combinar tu color con cualquier gato que encontrábamos en las esquinas. A vos te quise, también de un modo diferente, casi tan silencioso como cuando hacíamos el amor.