lunes, 13 de diciembre de 2010

Samanta es un número transfinito

Desnuda sobre el sillón azul oscuro observa a través de la ventana polvorienta. Analiza la lejanía y el atardecer de aquella ciudad silenciosa. Solo lleva puesto unos tacones negros. Enreda sus manos una en la otra, y las apoya sobre las rodillas. Espera, con la mirada entornada en los 26 grados centígrados. La luz que se filtra por los cristales dibuja pequeñas sombras de su cuerpo en la alfombra verde que ha tenido desde que se mudó a este lugar. Del otro lado del cuarto todo es perfectamente oscuro, sin sombras, sin iluminación; sólo unas pequeñas líneas de luz intentan llegar lo mas lejos que pueden de la alfombra pero no lo consiguen. El cabello color castaño oscuro le cae sobre los hombros con una tranquilidad extraña, con cierta imperfección que inspira una enorme curiosidad; desde donde yo la miro no se le puede ver el rostro, solo una parte del seno derecho y el ángulo que forman sus manos recostadas sobre sus piernas. También veo susilencio, el incendio de todos los atardeceres que ha visto desde allí, quemándole el rincón mas oculto del alma.

1 comentario:

  1. Debo decirte que me ENCANTA cómo escribes, de modo que, si no te importa, te sigo y te leeré siempre que pueda.

    Es un verdadero placer.

    Un saludo de Asereth.

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